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Disrupción global y su impacto en la red mundial de suministro

 |   21 de septiembre del 2020


La gran mayoría de las empresas en todo el mundo ha sufrido el impacto del COVID-19, que también develó las grandes vulnerabilidades de las cadenas globales de valor ante eventos disruptivos.

 

La pandemia de Covid-19 ha creado una enorme disrupción global. El paro abrupto de la demanda ha impactado a la red mundial de suministro; las cadenas de suministro de consumo han sido perturbadas masivamente. Se estima que entre las 1000 compañías incluidas en la lista Fortune 2020, el 94% de ellas han sido afectadas por el Covid-19.  Debido a que las cadenas globales de suministro están hiperconectadas, muchas empresas a nivel global se han visto afectadas por esta pandemia. Bloqueo prolongado, interrupción de vuelos en varios países y el cierre de plantas industriales han contribuido a la disrupción de cadenas de suministro en todo el mundo. El Covid-19 supuestamente se originó de Wuhan en diciembre de 2019. La capital de la provincia de Hubei en China es un centro logístico importante para un sinnúmero de proveedores de cadenas de suministro a nivel mundial -China contribuye con alrededor del 19% del PIB mundial-. El efecto dominó de los cierres de las plantas y la escasez de suministros a través de la red global de abastecimiento ha impactado negativamente a la totalidad de las cadenas globales de suministro.

Efecto dominó

El continente asiático durante las últimas cinco décadas, se ha transformado en el centro de gravedad de la economía mundial, y se beneficia de la globalización a través de varios canales: comercio internacional de bienes y servicios manufacturados, inversión extranjera directa, migración internacional de personas altamente calificadas, flujos transfronterizos de conocimiento y tecnología. La aparición de cadenas globales de suministro ha contribuido a esta conexión económica, aumentando la interdependencia de los países. Cadenas globales de suministro y redes de producción geográficamente concentradas permiten que un evento local se convierta en una interrupción o disrupción global y, en consecuencia, impactan de manera generalizada en las economías nacionales y locales. Lo anterior ha dado lugar a que el riesgo de disrupción en las cadenas globales de suministro debido a desastres naturales, pandemias, escasez de recursos, colapso de los sistemas de crédito, fluctuaciones monetarias, etc., se haya vuelto de naturaleza sistémica -aquello vinculado a la totalidad de un sistema y, por tanto, elementos significativamente relacionados entre sí-.

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La crisis financiera y económica mundial de 2007–2008 es un clásico ejemplo disruptivo, cuyo origen no fue en el continente asiático, por el contrario, las economías asiáticas fueron las más golpeadas por el descenso de la demanda de exportaciones y, en algunos casos, por la turbulencia en divisas y mercados de capitales como resultado de una disrupción repentina en los flujos internos y/o por el retiro de capitales. En lo que respecta a desastres naturales, el continente asiático es altamente propenso a estos. En el período 1990-2017, la región asiática experimentó casi el 40% del total de desastres naturales a nivel mundial. La cuota asiática del total de muertos por estos desastres naturales ha sido casi del 80% en el mismo período. También es interesante observar que el 58% de los desastres naturales en Asia ocurren en las regiones del sudeste y este, regiones donde existe la mayor oferta de conectividad de redes de producción y cadenas de suministro. Cabe anotar que a nivel mundial, los países más propensos a los desastres naturales son, en su orden: China (681 desastres), Japón (291), Hong Kong (103), Indonesia (412), Filipinas (529), Tailandia (119), Vietnam (177), Bangladesh (312), India (604), Irán (193), Pakistán (166) y Sri Lanka (81 desastres).

Un impacto sistémico

Las pandemias como evento disruptivo global impactan simultáneamente en múltiples países y en múltiples industrias; el miedo al contagio da como resultado acaparamiento y picos de precios inesperados en el mercado, en consecuencia, reducción de la demanda en otras industrias; el Covid-19 a finales de 2019 golpeó primero en Wuhan, se extendió rápidamente más allá de Asia, lo hizo de manera global. Las respuestas políticas a nivel mundial han sido principalmente bloqueos de diferente intensidad y duración. Aunque en el pasado ha habido toques de queda internacionales -durante la Segunda Guerra Mundial- no hay ejemplos similares a los bloqueos a escala global desplegados para contrarrestar la propagación del Covid-19; las economías mundiales pasaron muy rápidamente de un estado a otro –desaceleración / desglobalización / disminución de la globalización-, y esto conllevó a una reducción muy significativa en la actividad económica mundial y local, se detuvieron el transporte aéreo, terrestre y ferroviario, esto permitió una mejora en la calidad del aire urbano  -descenso de la contaminación y de las emisiones de gases de efecto invernadero-, así como una reducida presión antropogénica sobre la naturaleza; las personas almacenaron ciertos productos y recurrieron a entregas en línea -eCommerce, m-commerce, m-tail, el saldo ha sido muy negativo. Por tanto, cadenas globales de suministro y de producción concentradas geográficamente permiten que un evento local se convierta en una disrupción global, conllevando a que economías nacionales sean altamente vulnerables al llamado riesgo sistémico, es decir, riesgo de desplome o colapso de un sistema completo, en este caso, de una empresa u organización industrial o comercial. Las disrupciones, ya sean naturales o causadas por el hombre, hacen parte del contexto universal de las cadenas globales de suministro.

La disrupción global impuesta por el Covid-19 y su impacto en la red mundial de suministro ha presentado tres componentes básicos:

  • La existencia de perturbaciones a largo plazo y su imprevisibilidad escalable.
  • La propagación simultanea de la disrupción en miles de cadenas de suministro (el efecto dominó) y la propagación del brote epidémico en la población (propagación pandémica, con posibilidad de rebrote).
  • Interrupciones simultáneas en la oferta, la demanda, en las operaciones logísticas y en la infraestructura. Es decir, las epidemias y las pandemias son trastornos únicos de amenaza sistémica para casi todas las cadenas globales de suministro. Por tanto, el Covid-19 ha demostrado de manera tangible la vulnerabilidad de la economía globalizada.

Reordenamiento global

Tenemos una economía global inter-independiente, en la cual las dependencias individuales en tiempos de crisis tienen el poder suficiente para exponer a la vulnerabilidad a los estados más dependientes. En consecuencia, los gobiernos intervienen en las redes económicas, principalmente para reconfigurar las cadenas de suministro, y disminuir las dependencias de proveedores individuales en busca de más seguridad económica, incluso si eso pudiera tener un costo económico. Este es un fenómeno global. En Japón, el gobierno emitió un subsidio de USD$ 2 mil millones para que sus empresas manufactureras salgan de China, esto ha generado preocupación por los riesgos geopolíticos para sus cadenas de suministro. El partido comunista chino, por su parte, ha estado trabajando intensamente con el objeto de reducir su dependencia de los suministros extranjeros. El plan “Made in China 2025” está diseñado explícitamente para reducir la dependencia de tecnología extranjera y hacer que las líneas de suministro comerciales críticas sean autosuficientes. EE. UU. también desencadenó una reestructuración fuerte de su política al intentar conseguir fabricar en territorio nacional, mientras se limitan los suministros de tecnología a la competencia extranjera. Países de todo el mundo, motivados por una creciente gama de preocupaciones de seguridad, han introducido restricciones a las inversiones extranjeras en sus economías, desde Europa hasta India, Canadá, Australia, Estados Unidos, Japón, Corea y otros

Por lo arriba expuesto, a manera de reflexión compartimos el siguiente texto. Un comediante italiano bromeó una vez: “Los estadounidenses compran miles de toneladas de galletas danesas, y los daneses compran miles de toneladas de galletas americanas, con un ir y venir de buques, aviones, trenes, camiones, barcazas. ¿Es esto sensato? Tal vez lo es, porque las galletas son diferentes. Pero ¿entonces por qué no simplemente intercambian recetas?”

El objetivo de esta reflexión está relacionado con las importaciones “competitivas”. Estas son productos que una economía podría, y de hecho las puede producir en cierta medida, y que la pandemia del Covid-19 ha generado inquietud en el contexto de seguridad nacional y asistencia sanitaria.

(*) El autor es Ing. Consultor Portuario, Especialista en Logística Internacional (laeslavas@unal.edu.co)

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